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miércoles, 27 de agosto de 2014

¿Ghibli? Sí, pero no a cualquier precio

Hace ya veinticuatro días desde el tres de Agosto, en el que Toshio Suzuki realizó unas declaraciones afirmando que el Studio Ghibli cerraría sus puertas tras 29 años de actividad. Noticia que conmocionó, no solo a los aficionados de Ghibli, sino a buena parte de cinéfilos y público en general, llegando incluso a ser Trending Topic en Twitter el hashtag #AdiósGhibli. Un cierre que, días después y al indagar en las fuentes originales, siempre con la dificultad que implica una traducción desde el japonés, idioma poco conocido en occidente, se matizó desde varios sitios web de divulgación de anime y Ghibli, que pasaron a llamarlo una reestructuración, como se ha venido confirmando después. Siempre queda la inquietud de que, si se habla de reestructuración, esta no sea real, y finalmente sea un cierre que traería una tremenda tristeza a todos los fans.

Desde mi humilde opinión, quizá el detonante de este cierre haya sido la retirada al parecer definitiva del maestro Miyazaki, dejando el cine tras dirigir películas tan valoradas como El viaje de Chihiro o La Princesa Mononoke. El Studio Ghibli posee una plantilla fija de trabajadores que cobran haya trabajo o no, y esto sólo se puede sostener si el ritmo de producción de películas es constante y, sobre todo, rentable. Esto último se logra fácilmente con cualquier película de la mano de Miyazaki, sin embargo es más difícil de lograr si tenemos en cuenta que la mayoría de las últimas películas que ha presentado el estudio japonés no han sido dirigidas por el maestro, sino por otros directores como Hiromasa Yonebayashi o Goro Miyazaki, lo cual reduce las buenas cifras taquilleras al ser directores, todavía y presumiblemente en un futuro a medio plazo, de menor tirón y, a mi parecer, talento. Incluso a un director de la fama y calado como la que tiene Isao Takahata, le cuesta conseguir buenos datos en taquilla, como se ha demostrado con su última película, que ha sido un fracaso comercial, al ser un cine de público más reducido y es posible que exquisito.

Analicemos, pues, la situación tras la retirada de Miyazaki. Toshio Suzuki también abandonó su puesto de productor. E Isao Takahata cada vez hace producciones más lentas, que se alargan a lo largo de los años y no acaban de ser rentables, si es que su última película no supone su retirada. Lo cual nos deja un panorama difícil de manejar, pues esa suerte de tridente que ha sostenido al Studio Ghibli desde el inicio ha visto cómo se iban cayendo poco a poco cada uno de sus pinchos. No hay una cabeza visible en el estudio que augure un buen futuro en una empresa marcada por el personalismo y protagonismo de Miyazaki y por la buena mano en la producción de Toshio Suzuki. Joe Hisaishi, por otra parte, también es uno de los artífices de que las películas de Miyazaki sean tan exitosas. La retirada de Miyazaki supone, presumiblemente, la ausencia de Joe Hisaishi en las bandas sonoras de Ghibli. Otro de los grandes nombres que se pierden.

Esta situación, difícilmente salvable, ha sido la que ha llevado al estudio hacia un declive extraño, no en calidad de cine, ni mucho menos, El viento se levanta sin ir más lejos está al mejor nivel de Miyazaki en la dirección. No, hablo de la nostalgia, del aire que despiden las últimas películas de Ghibli. Por ejemplo, la última de Miyazaki tiene muchísimas frases que suenan a retirada, como la de Caproni de los diez años de creatividad. O la melancolía de Arrietty, que tiene que dejar su casa antigua. Todas auguran el final de algo, que puede ser el final del Studio Ghibli definitivo o, al menos, tal y como lo conocemos a día de hoy.

Sinceramente, prefiero un estudio que se mantenga fiel a sus principios hasta el final y que sepa cerrar cuando vea que la calidad no se puede mantener, a un estudio que quiera explotar su marca hasta que se convierta en un monstruo comercial como sus "hermanos" occidentales. Una de las cosas que más me gustan de Ghibli es que es auténtico, fresco, único, novedoso, creativo, artístico. Si eso se va a perder, que no sigan produciendo películas. No quiero que películas del estilo de Haru en el reino de los gatos sean las que se produzcan con una continuación forzada del estudio. Creo en las retiradas a tiempo como un mal menor; siempre queda todo lo que se ha hecho hasta ahora. Aun así, deseo con todas mis ganas que Ghibli encuentre la fórmula que le permita seguir maravillando al mundo. Sí creo en un estudio que pueda llegar a hacer películas como Susurros del corazón, lo veo posible si se hacen bien las cosas. La reestructuración es el primer paso para lograrlo. Solo el tiempo nos dirá si podremos seguir viendo obras que dignifiquen el sello Ghibli.

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